Llevo unos cuantos años observando en la pescadería que muy poca gente compra antxoas para hacer un revuelto. Eso no quiere decir que no lo hagan, quizá lo preparen y no nos lo cuenten, pero es raro, porque casi siempre la clientela nos comenta cómo va a cocinar el pescado que se lleva. Y eso es muy bonito.
Antes era muy habitual escuchar aquello de “ponme 300 gramos para un revuelto”, y con eso se hacía un buen revuelto para 2 o 3 comensales. Y más común aún era cuando te pedían “unas poquitas antxoas que voy a juntarlas con las que me sobraron de ayer y voy a hacer un revuelto para cenar” Pero ahora ya no.
La poca clientela que hoy en día compra antxoas para hacer un revuelto es de cierta edad, de sesenta en adelante, y lo hacen porque esa receta ha formado parte de su dieta habitual durante toda la vida. Típica receta de aprovechamiento. La gente de menor edad ya no prepara revueltos de antxoas.
¡Lo que nos perdemos!
El otro día mientras pasaba por un parque lleno de niños me preguntaba cuántos de ellos habrían probado en su vida un salmonete…no me quise desanimar, pero sé que muy pocos. Pues lo mismo ocurre con un revuelto de antxoas. Y ¡qué pena! Con lo sano, rico, nutritivo, fácil y económico que es.
Tenemos preocupación por la pérdida de identidad como pueblo, pero hemos de recordar que la identidad también está en la cocina y en las recetas de toda la vida.
Un revuelto de antxoa es más identitario para nosotras y nosotros que una pizza, unas fajitas o un risotto, por mucho que las elaboremos con los productos más label que tengamos.
Venga, vamos a dejar de hacer difícil lo fácil. Y además de luchar por recuperar recetas ya perdidas, centremos nuestros esfuerzos en no perder ninguna más. Aquí os la dejo. Para quién se anime.
Receta de Revuelto de Antxoas
Quien tenga oídos, que oiga. On egin!