Me puedo imaginar un gran banco de verdeles viajando por las aguas del Atlántico Noroeste, dirección al Golfo de Bizkaia. Muchos, rápidos, inexorablemente unidos por ese instinto milenario que les hace nadar sin parar hacia un destino único: su reproducción.
¡Qué maravilla de animales! ¡Qué preciosidad! No cabe duda, el día de su creación la Madre Naturaleza estaba inspirada.

Tiempo de verdeles

Me puedo imaginar un gran banco de verdeles viajando por las aguas del Atlántico Noroeste, dirección al Golfo de Bizkaia. Muchos, rápidos, inexorablemente unidos por ese instinto milenario que les hace nadar sin parar hacia un destino único: su reproducción.

¡Qué maravilla de animales! ¡Qué preciosidad! No cabe duda, el día de su creación la Madre Naturaleza estaba inspirada.

Las aguas que surcan son frías, por eso están bien protegidos con la abundante grasa que les caracteriza. Nadan libres, nadie los puede domar. Así, cuando llegan a nuestro plato podemos estar bien tranquil@s de que han vivido en plena libertad y que tan sólo hemos alterado su rutina al capturarlos en nuestras redes.
Reflexionemos: de todos los alimentos que consume el ser humano, vegetales o animales; ¿cuántos han nacido y vivido naturalmente, sin la intervención humana hasta el breve instante de ser sacrificados para su consumo? Ahí lo dejo.

El verdel o caballa pertenece a la amplia familia de los escómbridos, pescados muy comunes en todos los océanos del planeta.

La cocina vasca no ha sido a lo largo de su historia muy benévola con nuestro protagonista. Lo ha tratado con cierto desdén, relegando su uso en muchas ocasiones, al triste final de convertirlo en harina para alimento de otras especies, debido seguramente a la gran abundancia de verdeles en nuestras aguas.
Pero desde que la ciencia ha descubierto el altísimo contenido en omega 3 en su organismo, y siendo conscientes de la gran importancia de este ácido graso en la prevención de graves enfermedades, las cosas han empezado a cambiar. Parece que llevamos unos años poniendo al pequeño escombrido en el lugar que se merece: “pescado sanísimo”, “producto de proximidad”, “kilometro 0”, “capturado con artes y métodos de pesca sostenibles y respetuosos con el medio marino”… ¡Aleluia!

Se me ocurren tantas maneras de cocinar el verdel que me cuesta elegir una de ellas. Pero lo tengo claro, voy a empezar por algo fácil.

Sé que a much@s os asusta algo del verdel: sus espinas, por eso sois reacios a consumirlo. Pues ¡no preocuparse!, Las espinas se quitan muy fácil. Así que vamos a cocinar verdel sin espinas para empezar, y luego, ya veremos.

En nuestra página web: www.pescaderiaespe.com (el mostrador), encontraréis más información acerca del verdel y también un vídeo de recetas con sugerencias para su preparación. ¡Son muy fáciles, animaos!

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